RAQUEL GARCÍA CEBALLOS (RACHEL)

 



1ª mujer española en hacer la travesía del Himalaya a pie

“Caminante de sueños”

Hay personas dispuestas a perseguir sus sueños por muy difíciles que sean de alcanzar. Y son capaces de cruzar ríos, atravesar llanuras o incluso escalar montañas con tal de alcanzarlos. Personas valientes, luchadoras, apasionadas. Personas como Rachel (Raquel García Ceballos) que se han convertido en sinónimo de “no rendirse nunca”.

Así, esta suancina decidió un día coger una mochila y llenarla de ilusión para repartirla entre aquellas personas del planeta que más lo necesitaban. Y comenzó a caminar, sin echar la vista atrás, hasta llegar a un lugar donde las sonrisas brillan con una luz especial y un simple gesto te da la vida: Nepal.

Esta suancina recorrió todo el país (sus valles, sus lagos, sus montañas,…) y fue la primera mujer española en hacer la travesía del Himalaya a pie. Todo un hito que merece la pena destacar.

Pero su proyecto, su mochila, tenía también un marcado carácter social, haciendo especial hincapié en las desigualdades y en la educación. Por eso aprovechó este reto deportivo para llevar material (y esperanza) a muchas aldeas y pueblos de esta región.

Finalmente regresó a casa. Cansada (un poco) pero feliz. Y entonces fue cuando se dio cuenta de que su mochila no sólo no estaba vacía sino que, muy al contrario, venía repleta (de emociones, de sentimientos, de sueños,…).  Y fue entonces cuando decidió mostrarle al mundo todo lo aprendido durante su primer viaje. Sí, primero.

Porque en ese instante también supo que ese sería el primero de los muchos que realizaría a lo largo de su vida… y que ya nunca dejaría de caminar en busca de sus (viajeros y solidarios) sueños.

LEONOR MIERA

Barquera





Sin dejar a nadie atrás

Hay personas que se cruzan con otras y pasan a formar parte de su vida para siempre.  Pero también hay personas que no es que se crucen, sino que CRUZAN (del verbo unir) a otras personas y las ayudan a pasar de una orilla a otra… y estas también pasan a formar parte de su vida.

Es el caso de Leonor Miera Arenal, la primera barquera de Suances, que se convirtió en el nexo de unión de muchas historias de la villa.

Historias laborales: aquellas personas que trabajaban en la cantera y utilizaban este medio de transporte para llegar a su puesto de trabajo, pero también lo utilizaban sus familiares para llevarles la comida a la hora del almuerzo.

Historias románticas: parejas que vivían separadas por la ría y que gracias a esta barca consiguieron acortar la distancia y que el amor llegase a buen puerto (y nunca mejor dicho).

Historias cotidianas, historias extraordinarias; historias secretas… o para contar a voz en grito.  Pero historias todas ellas que tuvieron en común a Leonor.

Una mujer infatigable y trabajadora, que no dudó ni un segundo en arrimar el hombro para sacar a su familia adelante. Se calcula que cada día realizaba unos 80 viajes y nunca tuvo ningún percance, quizás por ser una mujer muy prudente y precavida.

Pero también una mujer dispuesta a ayudar a quien lo necesitase y que siempre tuvo un hueco en su barca para quien se lo pidiese. Y es que siempre tuvo clara una premisa: no dejar a nadie atrás.

 












PILAR MARTÍN PLAZA Y MARÍA DEL CARMEN GARCÍA FRAILE

 

Carteras


PILAR MARTÍN PLAZA


MARÍA DEL CARMEN GARCÍA FRAILE




Conquista laboral

Muchos han sido los avances que se han ido produciendo en nuestra sociedad para superar la desigualdad entre hombres y mujeres.  Uno de los más importantes: la incorporación de la mujer al mercado de trabajo. Un hito que sin duda marcó un antes y un después. Aunque a veces las mujeres que iniciaron esa andadura no son conscientes de que sus huellas marcaron el camino de las mujeres que veníamos detrás.

 Es el caso de Pilar Martín Plaza y María del Carmen García Fraile dos mujeres que se convirtieron en carteras de Suances y de Hinojedo en un momento en el que ésta era una profesión desempeñada normalmente por los hombres.

Ellas, con su ejemplo, contribuyeron a normalizar estos cambios y a lograr la aceptación social, rompiendo prejuicios y demostrando que mujeres y hombres somos igualmente válidos.

No cabe duda de que en el campo del mercado laboral se han dado muchos pasos… aunque todavía queda mucho por hacer.


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El primer contacto que tuve con la cartería de Suances se produjo cuando llegué a mi lugar de trabajo, que era un habitáculo pequeño y estrecho, situado en la mitad del despacho de la parte izquierda del Hall del Ayuntamiento, en que la mitad era Correos y la otra mitad una consulta médica.  Y, por supuesto, abarrotado de cartas y paquetes.

Antes que yo tres personas más (tres hombres) habían intentando, sin éxito, ocupar aquel puesto y el trabajo atrasado de muchos días se acumulaba en la mesa, la estantería y hasta en  el suelo (con varias “sacas” acumuladas). Era abrumador.

Pero no quise tirar la toalla. Más bien no me podía permitir el lujo de hacerlo. Tenía UNA oportunidad, LA oportunidad. Sabía que no habría muchas más oportunidades para una mujer como yo. 

Tras el fracaso de mis tres antecesores, decidí contactar con la oficina de correos de Torrelavega y pedir que me dejasen intentarlo a mí.

Me remangué y comencé a poner orden en aquel pequeño despacho que, aún no lo sabía, se convertiría en casi una segunda casa para mí: la cartería de Suances.

Los inicios fueron duros. No sólo por el pequeño- gran desorden acumulado, sino porque el reparto era (¡cómo no!) a pie. El día a día era agotador. Primero, recoger el correo que llegaba en autobús hacia las 9.00 de la mañana, para pasar a atender en el despacho a los vecinos y vecinas. Trabajo administrativo que se dice. Antes del mediodía no finalizaba la atención al público.

Después, comenzaba el reparto. Recorrer todo el pueblo andando era duro. Y más cargada, claro. Recuerdo que al principio me entregaron una alforja de cuero. Muy resistente… pero muy pesada. Tuve que cambiarla por otra mochila no tan robusta pero un poco más ligera y manejable. Perfecta para una cartera como yo.

Y por último, sin pausa pero sin prisa, de vuelta al despacho. Era obligatorio llegar antes de las 14.30 horas de la tarde, porque el autobús no espera y había que enviar la correspondencia y cuadrar las cuentas, giros pagados, reembolsos cobrados, certificados, paquetería,…. Puntualidad británica para el envío a Torrelavega y después continuar con el reparto. Jornadas intensas y agotadoras. Pero también gratificantes.

¿He comentado ya que los inicios fueron difíciles? Lo fueron. Porque además es difícil entregar una carta cuando las calles no tienen nombre. Sí existían zonas que te deban “pistas”. La zona de La Ribera, La Gerra, La Cuba,…  No era gran cosa, pero era algo.

Tampoco tenían nombre los vecinos y vecinas. Bueno, sí lo tenían… pero nadie los sabía. Porque lo que se usaba en aquella época eran los motes. Todos conocíamos a nuestros vecinos por algún apodo y así, era difícil conocer el destinatario de cada carta por su nombre y apellidos. Afortunadamente conté con la ayuda de “Cachito” y “Pepe El Guardia”, que ellos sí que conocían los nombres propios de cada persona. Y así poco a poco fui identificando a todos los vecinos.

También eran complicados los veranos por la gran cantidad de turistas que pasaban en Suances la época estival. Y claro, a todos ellos les gustaba recibir el periódico en casa a diario lo más pronto posible, (El Norte de Castilla, El Diario de Burgos, ABC,…). Conclusión: más paquetes a entregar. Hasta el punto de que en verano se contrataba a dos jóvenes de refuerzo para las zonas de la Playa y de La Ribera (que es donde mayor incremento de turistas se daba).

Y sin olvidarse de las campañas electorales… todos los partidos querían que su propaganda y sus papeletas se repartiesen lo más cerca posible del día de las elecciones. ¡Menudo estrés!

Con el tiempo el pueblo fue creciendo y recuerdo, con alegría, el día en que el Delegado provincial de Correos de Santander me comunicó que, debido al incremento de envíos que estaba teniendo la oficina de Suances, se iba a contratar una persona, por dos horas diarias. Desde ese día, pude contar con Jesús, empezó con dos horas pero poco a poco fue aumentando su jornada y fuimos compartiendo muchas horas de oficina y muchos duros inviernos repartiendo. Más tarde, también Julián, ¡cuánto me ayudaron los dos, cuanto les tengo que agradecer su apoyo y su cariño!

Ha pasado mucho tiempo y lo cierto es que no me arrepiento de haberme animado aquel día a llamar a la puerta de Correos, ni de haberme esforzado tanto para aprobar la oposición a los pocos meses de empezar y poder así conservar este empleo, ni de haber trabajado durante 30 años llevando casa a casa las cartas (con las esperadas noticias de los seres queridos). Sin duda, de lo más gratificante de mi trabajo.

Quiero añadir también mi más sincero agradecimiento a los vecinos y vecinas que, durante todos aquellos años, me han ayudado con su ánimo y afecto, haciendo que mi trabajo fuese un poquito más fácil, me trataban fenomenal y estoy muy agradecida. Saber que cuentas con el aprecio de tantas personas en sin duda el mejor de los premios.

Pero además ahora, echando la vista atrás, soy consciente de algo que en ese momento no sabía. Y es que mis pasos, junto a los dados por otras mujeres como yo, ayudaron a avanzar en el camino de la igualdad. Una senda construida gracias a la suma de pequeñas conquistas diarias por la que debemos aprender a caminar todos y todas juntas. Un orgullo haber aportado mi granito de arena…

 


Pilar


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La cartera rural de Hinojedo

Fue en el año 1962 cuando con 17 años comencé mi trabajo en la Cartería Rural de Hinojedo. En aquellos tiempos los padres de una familia numerosa y modesta como la nuestra, solían optar porque algún miembro de la misma, principalmente varones, tuviera la oportunidad de acceder a realizar estudios superiores, lo que llamábamos “una carrera”. Y yo, como era mujer, no tuve ocasión de participar en ese festín. Ignoro si hubiera valido para ello, pero siempre consideré una injusticia no haber tenido la oportunidad de comprobarlo. No obstante, en aquellas circunstancias los demás miembros de la familia estábamos obligados a aportar nuestro esfuerzo para cooperar en el bienestar y el desarrollo familiar, dado lo cual, al haber renunciado el titular responsable de la Cartería de Hinojedo, mi padre solicitó en Correos la vacante con la idea de que fuera yo quien la llevase y se la concedieron.

En principio, y a pesar de llevar todo el reparto, recogida, etc., al ser menor de edad, no pude figurar como titular de la cartería, siendo mi padre y mi hermano mayor los titulares hasta que cumplí la mayoría de edad. El servicio abarcaba los pueblos de Hinojedo, Cortiguera, Puente Avíos y Ongayo. Al principio, el reparto hube de realizarlo a pie y, a medida que crecían los habitantes de los diferentes pueblos y aumentaba la demanda del servicio de Correos, primero en bicicleta y después en motocicleta. El recibo y la entrega de la correspondencia la realizaba todos los días en la línea de autobuses Suances – Torrelavega.

Al ser mi primer trabajo, lo acepté con gran ilusión, y a poco me di cuenta de la gran responsabilidad que entrañaba la cartería y el manejo de documentos, giros, certificados, etc., y el tiempo que absorbía, dado que el servicio requería también un horario de oficina para recoger y enviar la correspondencia nacida. En aquellos tiempos, desgraciadamente la mayoría de los caminos, exceptuando la carretera principal, eran de tierra, estrechos, sinuosos, y con lluvia y en invierno era un verdadero calvario repartir la correspondencia.

Poco a poco los caminos y carreteras fueron mejorando y la inclusión de la motocicleta en el servicio alivió el reparto, aunque por otra parte la explosión demográfica habida en el municipio a finales del pasado siglo y comienzos del presente, junto a un sensible aumento de los productos postales, hizo muy difícil cumplir el servicio por una sola persona. Cercana la jubilación, después de 43 años de servicio, una inesperada enfermedad ósea me obligó a jubilarme anticipadamente.

He de manifestar que mi trabajo en la Cartería, aunque duro y exigente, también era muy estimulante puesto que hacer llegar a los vecinos con la mayor prontitud las noticas y la gestión era muy satisfactorio.

 

Mª Carmen


BLANCA ROSA REBOLLEDO SÁIZ

 

 Marinera 



“Luchadora”

Suances es una villa marinera vinculada, como no podía ser de otro modo, con el sector de la pesca. Las mujeres han estado siempre implicadas con este sector, aunque durante muchos años sólo con trabajos muy concretos: rederas, vendedoras de pescados, conserveras,… Se podía resumir como: la tierra para las mujeres y el mar para los hombres.

Por eso era más difícil (por no decir imposible) encontrar una mujer enrolada en un barco. Pero Blanca Rosa Rebolledo Sáiz lo hizo, convirtiéndose en la primera (y durante muchos años en la única) mujer en realizar este tipo de labores en Suances. Valiente y luchadora no dudó en embarcarse y ocupar puestos que hasta entonces sólo desempeñaban los hombres.

Así, durante tres años (hasta que un accidente en barco la obligó a alejarse del mar) demostró que la igualdad en este sector también es posible, conquistando (tal vez sin saberlo) un nuevo avance social.

Hoy en día se ha progresado mucho en este sector y se ha incrementado la presencia de las mujeres en trabajos donde, de forma tradicional, sólo había hombres.  La visibilidad de las mujeres en el mar  es cada vez mayor y, aunque aún quedan avances por conquistar, parece que soplan vientos favorables en el mar de la igualdad.

Y en eso, sin duda, mucho han tenido que ver las mujeres que, como Blanca, han sabido enfrentarse a las adversidades… contra viento y marea.







LAS MUJERES DE LA MAR

 

Sin identificar, Rosalía (La Nena), Tinuca y sin identificar

La mujer ha estado vinculada al mar, y más aún en una villa marinera como Suances, a lo largo de los años, aunque su labor no siempre ha sido visible. Por eso es importante ponerlo en valor y recordar que las mujeres han jugado un papel fundamental en el sector de la pesca.

Mujeres como las rederas, que confeccionaban y mantenían las artes y aparejos de la pesca. Es este un oficio centenario y artesanal. Una profesión a veces invisible pero imprescindible.

Mujeres como las vendedoras de pescado, que a menudo tenían que recorrer grandes distancias con la mercancía a cuestas. Abnegada y sacrificada labor a menudo poco reconocida.

Mujeres que con sus familias recogían cendo para aportar su granito de arena a la economía doméstica.

Mujeres como las conserveras, mariscadoras, limpiadoras de pescado,…

Y así, un largo etcétera cargado de rostros. Y es que en Suances son muchos los nombres propios que podemos encontrar tras estas profesiones.  Mujeres que dedicaron su vida a la mar y que contribuyeron, con su trabajo y tesón, a construir el Suances que hoy conocemos.

Aquí podemos encontrar algunos ejemplos, una representación de las muchas mujeres que engloban la historia de la mar… en femenino.


*No tenemos identificadas a todas las mujeres que aparecen en las siguientes fotografías, por lo que agradeceríamos que todo aquel que pueda identificar a alguien se ponga en contacto con nosotros en el correo electrónico cultura@aytosuances.com o en el teléfono 942 811 811

Principios del S. XIX



Rufi, Damiana y Colasa

Mariuca (La Fraila) y Ramona (La Tacones)

Milagros (la Tacones)

La Cana



Damiana, Colasa y Rosalía (La Nena)

Tinuca y Charo






La Cacha


Avelina

Sin identificar



Tere Gómez y Mari Ruiz

La Lilis, sin identificar

Sin identificar y La Lilis

Isabel, Damiana, Julia y Remedios


Mari, Pili,  sin identificar. De pies Marieto.

Sin identificar

Tinuca, Charo, Damiana y Rufi

Juliana

Teresa Cacho

Toñuca y Sin identificar

La Cuchi y Luisa

Luisa, Pilar, Carmen y sin identificar

Sin identificar

Adelaida

Rufi e Isabel


Torrelavega, finales de años 40, principios de los 50 

Sin identificar, Gloria, Finuca y Sin identificar

Dolores





Tinuca, Charo y Rosalía (La Nena) junto a Andrés Ruiz Moya, Alcalde de Suances en un homenaje hecho a las rederas.


DEVA Y MIRKA MARTÍN SOLAR

 

Deportistas (en la modalidad de surf)




 Valentía y superación

Durante mucho tiempo, el surf fue una actividad dirigida, casi exclusivamente al género masculino. Pero afortunadamente esta situación ha ido cambiando.

Deva y Mirka Martín Solar son dos surfistas suancinas que han cosechado grandes resultados nacionales e internacionales en esta disciplina. Su palmarés deportivo habla por si solo:

 

Deva: 12 veces Campeona de España, Subcampeona de Europa y 7ª del Mundo.

Mirka: 5 veces Campeona de España, 3ª de Europa y 9ª del Mundo (ISA).

 

Sin duda, han contribuido a trabajar por la igualdad en el ámbito deportivo y con su ejemplo se han convertido en inspiración para muchas jóvenes. Y es que, estas dos hermanas nos han recordado que, también sobre la tabla, tod@s somos iguales.


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Somos dos hermanas que pertenecemos al municipio de Suances y estamos muy orgullosas de ello ya que gracias a este pueblo costero hemos podido desarrollar nuestro deporte, el Surf.

Cuando comenzamos a surfear éramos muy pocas chicas en nuestro municpio. Pero fuimos un gran referente que empujó a muchas chicas a practicar este deporte y por ello estamos muy orgullosas.

Somos Campeonas de España varias veces; Subcampeonas de Europa y séptima y novena del mundo respectivamente. Mirka, además, segunda clasificada en la vaca XXL (campeonato de olas grandes) quedando en segundo puesto a nivel internacional.

Hemos sido deportistas de alto nivel durante más de 15 años y hemos viajado con la Selección Española de Surf más de seis temporadas. Lo cierto es que hemos podido viajar mucho con nuestro deporte: Hawái, México, Indonesia, Australia,…

Además, al mismo tiempo que desarrollamos nuestra carrera deportiva, hemos creado una empresa conjunta (Solar Escuela de Surf) en la cual hemos  potenciado mucho a la mujer en nuestro deporte, junto con las Federación Española y Cántabra e Iberdrola. También con la creación de eventos femeninos, como el Surfing Day Femenino.

Somos por tanto dos hermanas bastante valientes y decididas, con 20 años fundamos la empresa y nos fuimos a pasar largas temporadas a entrenar a Canarias. Allí, Mirka estudiaba enfermería mientras yo (Deva), más vinculada con el arte, pintaba murales gigantes para el Ayuntamiento de Canarias (Fuenteventura). Nuestra segunda casa.

Hoy en día estamos muy satisfechas de haber cumplido todos nuestros objetivos. Mirka trabaja como enfermera y yo como profesora de dibujo y, por supuesto, las dos gestionando además nuestra empres y gran pasión, intentando siempre apoyar a la mujer y empujando a los más pequeños a vivir nuestra experiencia tan bonita.

 

Mirka y Deva